En una conversación marcada por visión estratégica y claridad de propósito, Bruno Valverde Cota, CEO de Optimistic, explica cómo la empresa que dirige está redefiniendo la forma en que la industria piensa, crece, innova y estructura el futuro, siempre con foco en resultados sostenibles e impacto real.
Su trayectoria profesional revela una combinación poco común entre visión emprendedora y profundo rigor técnico. ¿Qué momentos clave considera que han moldeado su forma de liderar e innovar en el sector industrial?
Mi evolución como líder ha estado moldeada por tres factores: exigencia y rigor, exposición internacional y la convicción de que los portugueses tienen capacidad para competir al más alto nivel. Trabajar en mercados como Europa del Este, Oriente Medio y Asia me enseñó que la innovación surge donde existe presión real, clientes sofisticados y entornos que obligan a pensar más rápido y a ejecutar con mayor rigor. Momentos decisivos, como la participación en Gastech 2025 en Milán, donde presentamos la nueva generación de compresores y profundizamos alianzas estructurales, o la presencia en ADIPEC 2025, que consolidó nuestra afirmación global, reforzaron una visión clara: la industria está cambiando radicalmente y solo prospera quien combina ingeniería mecánica avanzada, inteligencia digital y capacidad de adaptación geoeconómica. Estos hitos no fueron solo eventos, fueron confirmaciones de que el camino elegido es el correcto: ingeniería inteligente, presencia internacional y cultura de excelencia.
El nombre “Optimistic” transmite dinamismo y confianza en un contexto global exigente. ¿De qué forma esta filosofía se refleja en la cultura interna de la empresa y en su propia forma de entender el liderazgo?
El nombre “Optimistic” no es un eslogan, es una filosofía de gestión y liderazgo. Representa la creencia de que la tecnología puede mejorar industrias enteras y que podemos ser protagonistas en esa transformación. Dentro de la empresa, “Optimistic” significa ambición disciplinada, espíritu constructivo y cultura de resolución de problemas, tres elementos que moldean diariamente nuestra forma de trabajar.
Es también una forma de liderazgo basada en la confianza: confianza en el talento del equipo, en nuestra capacidad para competir globalmente y en la idea de que cada proyecto es una oportunidad para elevar el estándar de nuestra ingeniería. Ser el único fabricante ibérico de equipamiento rotativo en ADIPEC, el mayor evento energético a nivel mundial, es un reflejo directo de esta actitud. No nos limitamos a seguir tendencias, buscamos definirlas.
La ingeniería inteligente se ha convertido en una marca distintiva de vuestro trabajo. ¿Cuáles fueron los principales desafíos en la creación de soluciones que combinan precisión mecánica e inteligencia digital?
El mayor desafío fue transformar máquinas tradicionalmente robustas en sistemas inteligentes capaces de interpretar, aprender y anticipar. Esto exigió romper con décadas de mentalidad industrial basada exclusivamente en la mecánica. Para crear turbomáquinas que piensan, fue necesario combinar tres universos que rara vez convivían: ingeniería mecánica, instrumentación y software avanzado. La integración de sensores inteligentes, plataformas IoT, gemelos digitales, análisis predictivo y sistemas autónomos de monitorización exigió una nueva arquitectura de producto y una nueva forma de trabajar. Pero el verdadero desafío fue cultural: enseñar a la industria que un compresor o un ventilador puede y debe ser una plataforma viva, que comunica, optimiza y reduce costes operativos de forma continua. Hoy eso ya no es el futuro, es el presente de la ingeniería inteligente que desarrollamos en Optimistic.
La transición energética es hoy una exigencia transversal a las industrias. ¿Cómo se cruza la visión empresarial de Bruno Valverde Cota con el compromiso de Optimistic para acelerar este proceso de forma sostenible?
La transición energética es un proceso industrial, no solo ambiental. Y en eso, nuestra ingeniería desempeña un papel central: ayudar a industrias críticas a consumir menos energía, reducir emisiones y operar con mayor fiabilidad. Siempre he defendido que la transición no se alcanzará únicamente con nuevas fuentes energéticas, sino principalmente optimizando lo que ya existe. Nuestros sistemas, desde compresores de hidrógeno hasta ventilación industrial para entornos extremos, pasando por soluciones de CCS – Carbon Capture and Storage, fueron diseñados precisamente para eso: disminuir consumos, evitar paradas, prolongar el ciclo de vida de los equipos y eliminar desperdicios energéticos. Los gemelos digitales, la monitorización en tiempo real y el mantenimiento predictivo son hoy herramientas fundamentales para convertir la eficiencia en una realidad medible. La industria portuguesa debe liderar con inteligencia y responsabilidad, adoptando los principios de la Industria 4.0 para hacer de la eficiencia energética una realidad concreta y sostenible.
En un sector tradicionalmente dominado por grandes multinacionales, Optimistic ha logrado posicionarse globalmente en pocos años. ¿Qué estrategias fueron determinantes para ese crecimiento y reconocimiento internacional?
La clave fue siempre combinar tres pilares:
- Procesos simplificados: nuestro modelo nos permite pasar del diseño a la fabricación con mayor rapidez y flexibilidad, sin comprometer el rigor técnico exigido por los mercados más exigentes.
- Estrategia internacional clara: inicialmente enfocada en regiones donde nuestra experiencia tendría mayor impacto, como Oriente Medio y Europa del Este, donde construimos una reputación sólida. Este posicionamiento nos permite hoy expandirnos con confianza hacia nuevos mercados. Además, mantenemos una presencia consistente en los grandes escenarios globales del sector del gas, Gastech, y de la energía, ADIPEC, donde seguimos afirmando nuestra ingeniería como referencia mundial en equipamiento rotativo.
- Alianzas estratégicas, como la colaboración con Knox Western, que aceleraron el acceso a nuevos mercados y aportaron solidez a nuestro posicionamiento tecnológico.
En un sector dominado por gigantes globales, nos diferenciamos por ser rápidos, flexibles, técnicamente rigurosos y profundamente orientados al cliente. En lugar de simplemente vender máquinas, entregamos sistemas inteligentes, integrados y orientados al rendimiento. Esta combinación nos permitió crecer más rápido de lo que sería esperable para una empresa portuguesa en un segmento tan especializado.
La digitalización está redefiniendo los modelos industriales. ¿Qué impacto personal tiene en usted, como líder, presenciar esta transformación y ser uno de sus principales impulsores?
Para mí, presenciar esta transformación es ver renacer la ingeniería en una nueva forma. Durante mucho tiempo, las máquinas eran entidades cerradas: operaban, fallaban y se reparaban. Hoy son equipos inteligentes que comunican, aprenden y contribuyen activamente a los resultados del cliente. Como líder, ver esta fusión entre mecánica, datos y digital es profundamente inspirador. Nos permite llevar la ingeniería a una dimensión más humana: prevenir accidentes, reducir consumos, aumentar la seguridad, crear fiabilidad y mejorar la vida de los equipos que dependen de estos sistemas cada día.
Creo que estamos viviendo uno de los periodos más interesantes de la historia industrial. Y poder hacerlo desde Portugal, con tecnología desarrollada por ingenieros portugueses, es personalmente muy gratificante.
Emprender en Portugal en el ámbito de la ingeniería pesada sigue siendo un desafío. ¿Qué factores considera esenciales para fortalecer el ecosistema nacional de innovación tecnológica e industrial?
Portugal tiene talento, creatividad y resiliencia. Sin embargo, le falta una arquitectura industrial más ambiciosa y orientada a la exportación tecnológica. Para fortalecer el sector, considero esenciales tres prioridades:
Estimular el talento técnico, mediante programas sólidos de ingeniería aplicada, laboratorios avanzados y una conexión real con la industria.
Acercar industria, universidades y centros de investigación, no solo en teoría, sino en proyectos concretos, escalables y económicamente relevantes.
Crear políticas públicas que apoyen la innovación industrial, especialmente en certificaciones, pruebas, ferias internacionales y acceso a cadenas de valor tecnológicas.
Portugal puede posicionarse como un actor europeo relevante y Optimistic es prueba de ello, apostando verdaderamente por la ingeniería pesada, la robótica y la digitalización industrial.
Más allá del éxito empresarial, ¿qué es lo que más le inspira en este recorrido? ¿Existe una motivación personal, un propósito mayor, que le lleve a seguir desafiando límites y reinventando el futuro de la ingeniería?
Sí, existe un propósito muy claro: demostrar que Portugal no es solo un usuario de tecnología, sino un creador.
Lo que me inspira es construir una empresa que eleve el know-how portugués al escenario global, que abra puertas a la nueva generación de ingenieros y que contribuya a industrias más limpias, eficientes e inteligentes.
Optimistic no es solo un proyecto empresarial, es un movimiento. Representa la ambición de transformar el equipamiento rotativo en un ecosistema inteligente, sostenible y adaptado a las necesidades reales del mundo. Mi propósito es simple: dejar un legado, humano y tecnológico, que demuestre que cuando creemos en el talento nacional no existen límites industriales ni geográficos.
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